Paradoja

Es curioso. Por una parte me siento infravalorada y subestimada. Sin embargo, por otra, me sitúo a mí misma en lo más bajo por haber contribuido al desarrollo de una depresión que no es mía y mi vida ha perdido mucha estima para mí. Ya ni siquiera puedo sentir ansiedad.
Yo quería esa oportunidad, demostrar que puedo ser fuerte, pero ahora me veo reducida.
Me duelen tanto el orgullo como la existencia. Pesan demasiado. No puedo más.

Y él me amansaba y alejaba de mí todos mis demonios tocándome esta canción con su piano.

Un músico que se llama Bonobo, igual te gusta.

Me ha llegado esta colaboración y la verdad es que es una mezcla muy curiosa de estilos que siguen una melodía. Me ha llamado la atención. Me gusta.

Adjunto la playlist del álbum completo: https://www.youtube.com/watch?v=af6fE7PmJlo&list=PL8439E741D81B986D

no soi ese anon, pero te recomiendo bestias hombres y dioses de f. ossendowski
Anónimo

Quien me envió ese ask, tenía identidad. Aún no ha aparecido.

Atención a mensajero

Anoche recibí un ask de cierta persona desconocida recomendándome un libro. Yo, por mi parte, le contesté con un mensaje de agradecimiento sin antes haber apuntado el título del libro (como buena gilipollas que soy).
El caso es que no lo recuerdo y tampoco la identidad de quien me envió ese ask. Así que le pido, como favor, que vuelva a hacer acto de presencia y me lo recuerde. Prometo apuntarlo.

Ni siquiera sé si eres seguido mío, pero yo lo intento. Quizá algún reblog caritativo, me ayude.

Anoche estuve pensando, reflexionando, y llegué a la conclusión de que tal vez unas palabras distintas habrían dado lugar a otro desenlace. Y, entonces quizá, podría haber seguido a tu lado, podríamos haber continuado con nuestras vidas tal y como las estábamos forjando.

Este pensamiento, a mi antojo desgarrador, me llevó a filosofar acerca de la importancia de las propias palabras. Ya me lo habían mencionado antes, pero no había llegado a comprenderlo como lo comprendo ahora. Verás, me di cuenta de que las palabras en sí son más importantes de lo que aun creía. En este caso, marcaron un antes y un después en nosotros. Resumidamente (y pecando de redundante), la importancia de las palabras reside en que los hechos pasados y futuros pueden variar según éstas vayan acudiendo a nuestra mente, porque, querido mío, nosotros no somos dueños de ellas, sino al revés; ellas se sienten atraídas por el contexto y acuden según se les va antojando hacer acto de presencia. De ahí que digamos lo que no queremos decir, que nos arrepintamos de no haber mentado en el momento lo que deseábamos haber mentado, que expresemos la alegría, la tristeza o cualquier otra emoción. Son caprichosas y pueden traicionarnos, como siento que me han traicionado a mí. Me encontraba inestable. Somos esclavos de nuestras palabras y dueños de nuestro silencio, he oído decir infinidad de veces. Sin embargo, dominar nuestro silencio, evitar ser nuestro propio esclavo, nos puede conducir a serlo de las palabras de otros. Esto último no nos resta responsabilidades ante la vida, no nos roba las riendas de ella -no debería-. La experiencia nos da recursos y, entre todas las palabras que acuden a nosotros los humanos, poco a poco, aprendemos a escoger las más adecuadas, a no temer a pronunciarlas. Quizá fue eso lo que nos falló, lo que convirtió nuestro pequeño tesoro en añicos. A veces, me recuerdan a la dichosa diosa Fortuna.

Desde que todo ocurrió, he estado prácticamente inconsciente -confieso que me pasé ingiriendo pastillas-, llorando y pensando. Es una condena prácticamente insoportable; apenas puedo andar, me cuesta mantenerme despierta y aquí estoy yo: yaciendo en la cama, arropada, frustrada, deprimida, con sueños que me despiertan, más pastillas, tabaco y, únicamente, acompañada de mis pensamientos. Ambos sabemos que yo misma soy la peor compañía y la peor influencia que puedo tener ahora mismo. Ha sido horrible, terriblemente doloroso, pero le estoy haciendo frente (lo cual no significa que haya superado esta penuria mía y, por tanto, haya aprendido a soportarme) y anoche me descubrí a mí misma pensando en cosas bellas aunque amargas. Valoré tu esfuerzo; lo mucho que habías luchado por mí, por ayudarme, por entenderme, lo bien y la gran valentía con la que te habías enfrentado a un problema tan extraño, tan grave, tan nuevo para ti y que no era tuyo. Siempre habías querido cuidarme. Eso es amor y no lo supe ver. Tenía tanto miedo al dolor, al engaño, a la manipulación, al sufrimiento, que retorcí la situación hasta el punto de quedarme ciega e infravalorarte y no respetarte. Es muy triste que haya tenido que ocurrir lo sucedido para darme cuenta todo lo que has intentado hacer por mí, de todo lo que he perdido. Y si no lo has conseguido, ha sido por mi enfermiza y paranoica ceguera.

Te quiero y me arrepiento mucho. Me repugno por haber abierto los ojos tan tarde. Si sé que no estoy muerta en vida es porque no dejo de llorarte. Sin embargo, vas a estar mejor sin mí. El tiempo lo cura todo, mi amor, y yo no seré más que un mal sueño que ya pasó.

Lo único que me queda es acunar a este hijo mío, que no es más que mi amor por ti, arroparlo y dejarlo hibernar. Durante ese invierno, el frío me cortará la piel, contraeré enfermedades, pero aprenderé a resguardarme de la algidez. Cuando eso suceda, una mujer distinta, le dirá a su pequeño entre susurros: Despierta, hijo mío, ya es primavera. Juntos, se irán a un extenso campo plagado de flores y su chiquillo aparecerá sonriente con el más bello ramo que jamás se haya visto. Ese hermoso manojo eres tú, mi amor.

Sin embargo, todavía es otoño. Y ésta, mi fantasía.

Adiós, mi vida, ojalá se cumpla. No te olvidaré. Aprenderé a vivir sin ti, pero no te olvidaré.

Nociva

No es fácil convivir con alguien como yo. Como bien me han dicho: contagio mi malestar. ¿Por qué, entonces, la gente me sigue guardando cariño? ¿Por qué se me sigue echando de menos, después de haber salido a la luz todo el mal que causo?

Quizá tenga la respuesta. Quizá se deba a mi doble cara. La gente es ilusa, es tonta, cuando se enamora. Es posible que esos tontos se crean que la niña bonita y agradable que conocieron en un principio vuelva, pero no. La niña bonita y buena es producto de una educación arcaica; ha aprendido a dar buena impresión, a decir lo que hay que decir cuando hay que decirlo, a mentir. Pero como se suele decir: la confianza da asco. La confianza saca lo que soy, hace que olvide ponerme el disfraz, y reluce la personalidad que se ha ido forjando en mi interior, a base de sangre, sudor y lágrimas, con el paso de los años. Y esto no es nada bueno, ni bello, ni sano. Eso aún tengo que encontrarlo y aprender a mantenerlo. Inventarme una vida, aprender a estar sola.

Antes estaba aislada, pero podía acudir a alguien. Ahora estoy sola. Sola y aislada. Si sola pierdo la razón, ¿de dónde voy a sacar los recursos para inventarme una vida con sentido, con personajes reales? ¿Cómo voy a salir de aquí? No puedo contar con nadie. Cada vez que lo hago, destruyo a ese alguien, lo maltrato, lo obligo a tirar de mí. Si no soy yo la que tira de mí, ¿de qué me sirve que tiren de mí? Dicho en otras palabras: Si yo no me ayudo dejándome ayudar por quien me rodea, ¿de qué sirve que alguien malgaste tiempo y esfuerzo en ayudarme? Y, por otro lado, ¿qué tiene de saludable esa clase de relación? No es una relación sana, ni plena. Es una relación despótica.

Mucho tiempo ha de pasar, mucho he de trabajar, para poder enamorarme de una manera sana. Mientras, tendré que reprimir mis sentimientos, esconderlos, olvidarlos, dormirlos, y superar mis problemas únicos aunque transferibles, cosa que no me puedo permitir. Estoy sola en su resolución. Alguien puede ayudarme a apartar pequeñas piedras en el camino, pero soy yo la que tiene que mover las piernas. Mientras no las mueva, no consentiré que nadie las empuje fuera del sendero. Sólo así dejaré atrás el sufrimiento que me debilita y el esfuerzo será quien se encargue de fortalecerme.

He aprendido con el dolor, el cual me proporciona prudencia. Dicha prudencia me dará recursos para esforzarme y ese esfuerzo, como si propio nombre indica, me fortalecerá. Será, entonces, cuando pueda encontrar y mantener un amor puro.